La IA también puede ser parte de la solución
Reducir el debate en “la IA consume demasiado” es hacer corto. Porque la IA no es sólo parte del problema, sino también una herramienta clave para gestionar la complejidad del sistema energético.
La digitalización permite anticipar congestiones, optimizar flujos y extraer mayor rendimiento de la infraestructura existente. Algunas cargas digitales pueden flexibilizarse en el tiempo, adaptándose a la disponibilidad renovable y actuando como una “batería virtual”. Además, la IA está acelerando la innovación en materiales, baterías y procesos industriales, reduciendo drásticamente los tiempos de desarrollo.
Incluso aparecen propuestas que parecen ciencia ficción, como situar capacidad de cómputo en órbita alimentada por energía solar constante. No son soluciones inminentes, pero indican claramente que los límites físicos del sistema terrestre son ya una restricción real.
En el fondo, la pregunta clave no es si la IA consumirá más energía -es inevitable-, sino si seremos capaces de encajar ese crecimiento dentro de un sistema eléctrico en plena transformación. Y aquí el mensaje está claro: el cuello de botella no es sólo la generación, sino la red y la forma en que la utilizamos.
En ERIA, este punto de intersección entre red, flexibilidad, almacenamiento y digitalización es clave. El futuro energético implica también operar mejor el sistema y convertir a la nueva demanda digital en un aliado de la transición energética.